EL CORAZÓN Y SUS VÁLVULAS

El corazón es el órgano principal de nuestro aparato circulatorio. Se encarga de impulsar, con la fuerza necesaria, la sangre y las sustancias que ésta transporta (principalmente oxígeno) a todas las células del organismo. El corazón está formado por 4 cavidades: 2 aurículas y 2 ventrículos (ver dibujo 1). La parte derecha del corazón (con su aurícula y ventrículo correspondiente) se encarga de oxigenar la sangre, haciéndola pasar por los pulmones, como descubrió el español Miguel Servet en 1553. Una vez oxigenada, la sangre pasa al lado izquierdo, donde es distribuida por el organismo.

La sangre que fluye en el interior del corazón lo hace a través de las válvulas cardíacas. Estas válvulas se abren y se cierran de forma sincronizada para dejar pasar la sangre de una cavidad a otra, impidiendo así que la sangre retroceda. Análogamente, existen válvulas en el lado izquierdo (aórtica y mitral) y en el derecho (tricúspide y pulmonar).

Válvula aórtica:

Permite que la sangre pase del ventrículo  izquierdo  a  la   aorta   y luego  al resto del cuerpo.

Válvula mitral:

Permite que la sangre fluya desde la aurícula izquierda al ventrículo izquierdo.

Válvula tricúspide:

Permite que la sangre fluya desde la  aurícula derecha al ventrículo derecho.

Válvula pulmonar:

Permite que la sangre fluya desde el ventrículo derecho a los pulmones para oxigenarse.

¿Qué son las valvulopatías?

Nuestro corazón tiene cuatro válvulas (mitral, aórtica, pulmonar y tricúspide) que desempeñan un papel fundamental en el buen funcionamiento del corazón. Cuando las válvulas funcionan correctamente, sus movimientos de apertura y cierre consiguen que con cada latido la sangre se mueva en la dirección correcta entre las cavidades del corazón y llegue al resto de nuestro cuerpo. Las valvulopatías son un conjunto de enfermedades causadas por un mal funcionamiento de una o más válvulas del corazón. Los dos tipos de valvulopatías más diagnosticados son la estenosis y la insuficiencia valvular.

La insuficiencia valvular se manifiesta cuando una válvula no se cierra por completo y provoca reflujo de sangre. También se denomina reflujo valvular, o válvula permeable. Esta enfermedad incluye la insuficiencia mitral y la insuficiencia aórtica.

La estenosis se manifiesta cuando una válvula no se abre por completo y no deja que entre sangre suficiente. Puede deberse a la calcificación de la válvula relacionada con la edad. Una válvula calcificada puede estrecharse mucho o bloquearse y, por lo tanto, limitar la cantidad de sangre que fluye por ella. También se denomina válvula estrechada o rígida.

Cada una de las cuatro válvulas puede sufrir reflujo o estenosis (a veces ambas), aunque las válvulas mitral y aórtica son las más afectadas.

Las valvulopatías suponen para el corazón un trabajo añadido en su cometido de bombear el volumen de sangre necesario a nuestro cuerpo. Con el transcurso del tiempo esta carga añadida produce un debilitamiento del músculo cardiaco que, sin el tratamiento adecuado, puede llevar a la insuficiencia cardíaca.

La estenosis aortica es una de las valvulopatías más diagnosticadas. Según reflejan las estadísticas la prevalencia de la estenósis aórtica grave es del 0,1% en personas entre 40-59 años, del 1,4% entre los que se encuentran en el rango de edad de 60 a 73 y del 6,1% en los mayores de 80 años y se prevé que el número de afectados siga creciendo como consecuencia del aumento de la población de edad avanzada. Y es que una de las causas de daño valvular es el envejecimiento, entre otras causas, como las infecciones (fiebre reumática), los defectos valvulares de nacimiento o padecer ciertas enfermedades del corazón.

En función de la válvula afectada estaremos ante un tipo u otro de valvulopatía:

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Las valvulopatías pueden pasar desapercibidas durante muchos años sin mostrar ningún síntoma ya que su desarrollo es progresivo con el paso de los años. Los síntomas que aparecen con más frecuencia son la sensación de falta de aire, la fatiga o cansancio, dolor en el pecho u otros síntomas como palpitaciones, tos o hinchazón de tobillos y pies; aunque pueden variar dependiendo qué tipo de válvula está afectada y de la gravedad del problema.

La generalidad de estos síntomas provoca que, en ocasiones, la existencia de una valvulopatía se descarte y, en su lugar, se atribuya erróneamente a síntomas relacionados con el envejecimiento.

Los más habituales son:

–  Disnea (sensación de falta de aire) después de una actividad o al acostarse.

–  Dolor en el pecho que aumenta con la actividad, irradiado al brazo, cuello, mandíbula u otras áreas.

–  Síncope (pérdida del conocimiento) – Vértigo.

–  Ataques de pánico.

–  Sensación de percibir los latidos del corazón (palpitaciones).

–  Tos, con posibles flemas sanguinolentas Infecciones respiratorias frecuentes.

–  Hinchazón de pies o tobillos.

Las valvulopatías con frecuencia producen sonidos inusuales del corazón (conocidos como “soplos”) que se producen por la dificultad para el paso de la sangre a través de las válvulas dañadas. Estos sonidos son audibles y detectables cuando el profesional sanitario ausculta el pecho simplemente con la ayuda de un fonendoscopio. Para confirmar el diagnóstico de valvulopatía la prueba más utilizada es el ecocardiograma, aunque también puede ser necesario realizar otras pruebas como la radiografía o el electrocardiograma.

IMPLANTACIÓN DE VÁLVULA AÓRTICA TRANSCATETER (TAVI)

El tipo de tratamiento depende fundamentalmente del tipo de válvula enferma y de la gravedad del problema. Así, en los casos en los que la valvulopatía no es grave puede ser suficiente con el mantenimiento de hábitos de vida saludable y el seguimiento de la enfermedad, sin necesidad de realizar ninguna medicación. En los casos en los que la valvulopatía es grave y los medicamentos no son suficientes para controlar la enfermedad o no se toleran bien, puede ser necesaria la realización de cirugía para reparar o reemplazar la válvula dañada.

 

 

Existen dos métodos para reemplazar la válvula aórtica calcificada por una válvula artificial: el reemplazo de la válvula aórtica quirúrgica (SAVR), y la implantación de la válvula aórtica transcatéter (TAVI). Sin el tratamiento indicado, la mitad de los pacientes podrían morir en un plazo de dos años tras experimentar los síntomas8.

La decisión sobre él tipo de tratamiento a seguir es competencia del equipo multidisciplinar compuesto por cirujanos, cardiólogos intervencionistas, cardiólogos clínicos, anestesiólogos y especialistas en imagenología.

Implantación de la válvula aórtica transcateter (TAVI): TAVI es un tipo de procedimiento que se usaba principalmente cuando el paciente no podía ser operado o era de alto riesgo para la cirugía. Consiste en la implantación de una válvula aórtica a través de un catéter de forma percutánea o de una incisión quirúrgica.

Cirugía convencional: el reemplazo quirúrgico convencional de la válvula aórtica (SAVR, por sus siglas en inglés) precisa de una abertura en el tórax bajo anestesia general. Posteriormente se retira la válvula defectuosa y se reemplaza por una válvula cardíaca artificial. Durante la operación, el corazón del paciente está conectado a una máquina cardiopulmonar. Este es un método de gran éxito, utilizado por los cirujanos desde la década de 1960, sin embargo, como resultado de la edad y otros factores de salud, no es adecuado para todos los pacientes

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REMPLAZO QUIRÚRGICO DE LA VÁLVULA AÓRTICA (SAVR)

Válvulas mecánicas

Las válvulas cardíacas mecánicas están hechas de materiales como el titanio y el carbono. Algunas de las ventajas del uso de este tipo de prótesis son que tienen una vida útil muy larga y que son poco proclives a producir coágulos, embolias o hemorragias. Algunos informes revelan que las válvulas mecánicas disponibles en la actualidad duran prácticamente de manera ilimitada.

Una consideración clave a tener en cuenta por los pacientes, es que este tipo de válvulas requieren el uso posterior y continuado de anticoagulantes. Su vida diaria puede verse afectada, ya que pueden verse obligados a cambiar su dieta, limitar la práctica de la actividad física, etc.

Además, algunos pacientes con válvulas mecánicas informan que escuchan el sonido de un clic cuando la válvula se cierra.

Sin embargo, las válvulas mecánicas siguen siendo una opción para los pacientes más jóvenes, o los pacientes que ya usan anticoagulantes para una enfermedad concomitante, debido a la mayor durabilidad en comparación con las válvulas biológicas.

Válvulas biológicas

Una válvula biológica está hecha de tejido animal. El tejido se trata para reducir los riesgos de infección, rechazo y recalcificación. La principal ventaja de las válvulas biológicas es que la mayoría de los pacientes no están obligados a usar anticoagulantes, lo que reduce el riesgo de complicaciones tromboembólicas y les permite volver a una calidad de vida normal después de la cirugía. Sin embargo, al contrario que las válvulas mecánicas, la durabilidad de una válvula bioprotésica puede ser menor y su implantación puede requerir la necesidad de otra operación en el futuro.

 

En cualquier caso, la mejor opción es consultar con el médico cuál es la opción que más se adapta a las necesidades de cada paciente en función de su perfil, edad, hábitos, estilo de vida, etc.

Válvulas mecánicas y biológicas: el caso español

En la Unión Europea se ha registrado un fuerte aumento en el uso de prótesis valvulares biológicas durante los últimos años. En países como Alemania y Francia el empleo de válvulas cardíacas biológicas como alternativa terapéutica a la estenosis aórtica alcanza porcentajes del 96 y 90%, respectivamente. En España, en cambio, el uso de válvulas aórticas de tejido biológico sigue siendo mucho inferior. Si bien desde la salida al mercado (año 1997) de las válvulas aórticas biológicas se ha registrado un incremento en unidades implantadas (últimos datos del año 2014), continúa existiendo una diferencia significativa entre el uso de las válvulas biológicas y las mecánicas. Los datos disponibles muestran que en nuestro país sólo el 51% del total de válvulas aórticas implantadas por cirugía cardiaca corresponde a válvulas biológicas, mostrando un marcado predominio de implantación de las válvulas mecánicas frente a las biológicas. Además, el estudio de la situación dentro de España, ha detectado una variabilidad significativa en cuanto al uso de un tipo u otro de válvulas aórticas en las diferentes comunidades autónomas, oscilando el empleo de válvulas biológicas entre el 6% y el 73% del total de reemplazos valvulares.

No nos consideramos grandes conocedores de las valvulopatías….

En 2017 se realizó la encuesta europea Heart Health en 11 países de la Unión Europea, entre ellos España. El objetivo de esta encuesta fue evaluar el grado de concienciación y conocimiento entre los mayores de 60 años sobre diferentes enfermedades, incluyendo las valvulopatías. Sus resultados han revelado que la enfermedad que más preocupa a la población española en esta franja de edad es el cáncer (29%) seguida de la enfermedad de Alzheimer (27%), mientras que sólo para el 7% de los encuestados las valvulopatías son el principal motivo de preocupación. Todo ello a pesar de que la mortalidad anual por estenosis aórtica severa es considerablemente más alta que la atribuida al cáncer.

Por ello, aunque este porcentaje ha mejorado con respecto a la misma encuesta realizada en 2015, en la que sólo en torno al 2% de los encuestados señaló a las valvulopatías como su principal motivo de preocupación, aún queda mucho por hacer. Y es que, a pesar de que el riesgo de padecer valvulopatías es más alto conforme aumenta la edad, la preocupación por las valvulopatías es más baja, precisamente, en las personas de más edad.

Tan sólo para el 2% en personas entre 70 y 74 años las valvulopatías suponen su principal motivo de preocupación, frente al 10% de sectores de población más jóvenes, entre los 60 y 64 años. Por otra parte, apenas el 8% de los encuestados reconoce estar familiarizado con las enfermedades valvulares, mientras que el 25 y 30% sí afirma conocer otras enfermedades cardíacas como las arritmias o el infarto.

 

El uso del estetoscopio: una cuestión pendiente

El diagnóstico de valvulopatía puede realizarse de forma temprana con un gesto tan sencillo como escuchar el corazón con un estetoscopio durante una visita médica. Sin embargo, el uso de este instrumento es poco frecuente, con un gran porcentaje de personas mayores de 60 años que aún no es auscultada de forma regular.

En la encuesta Heart Health realizada a nivel europeo, el uso del estetoscopio para el diagnóstico precoz de valvulopatías resultó ser de los más bajos en lugares como Italia, Holanda y Reino Unido. En estos países entre el 59% y el 78% de los encuestados reconocieron que nunca habían sido auscultados por su médico, o si habían sido auscultados, había sido de forma excepcional.

En España esta práctica también sigue siendo un aspecto a mejorar, ya que el 46% de las personas encuestadas afirma que el uso que su médico hace del estetoscopio para auscultar su corazón durante el transcurso de una visita es excepcional. Estas cifras se alejan de las observadas en otros países europeos como Francia donde el uso de este instrumento está más extendido: hasta el 31% de los encuestados reconoce haber sido auscultado por su médico durante las visitas de seguimiento.

Por otra parte, en España alrededor del 12% reconoce que su médico de atención primaria no ha usado nunca el estetoscopio con este fin, especialmente en mujeres de entre 70 y 74 años en las que el porcentaje alcanza el 15%. Sólo alrededor de un 22% de los participantes respondió que su médico utiliza el estetoscopio en cada una de sus visitas al centro de salud, aunque este porcentaje apenas llega al 17% en el caso de las personas entre los 70 y los 74 años de edad.

Además, los resultados de esta encuesta han revelado diferencias importantes en cuanto al uso que se hace del estetoscopio entre las distintas regiones españolas. Así, en zonas del norte y centro de España, el 32% de los encuestados afirma ser explorado en cada visita con este instrumento frente a zonas del noreste de España donde este porcentaje roza el 10%.

 

La importancia de “contar” los síntomas

El 35% de los españoles consultados en la encuesta europea Heart Health consideran que debería ser objetivo prioritario para el médico de atención primaria evaluar la presencia de enfermedad valvular en mayores de 65 años, situando este objetivo por delante de otros como la medida de tensión arterial o la detección de diabetes. Sin embargo, los profesionales de atención primaria señalan una tendencia actual al aumento en la carga asistencial, no solo en la cantidad sino en la intensidad de la misma, que dificulta la evaluación de los pacientes y la detección de valvulopatías.

Además, no todos los pacientes preocupados por la presencia de síntomas como dolor en el pecho o palpitaciones los comentan con su médico, lo que contribuye aún más a la dificultad de detectar este problema. De hecho, los datos de este estudio reflejan que entre el 17 y el 21% de los encuestados considera extremadamente improbable comunicar a su médico la existencia de estos síntomas, especialmente si se trata de hombres mayores de 80 años. No detectar a tiempo la presencia de síntomas de valvulopatía por atribuirlos de forma errónea al envejecimiento, puede traer consecuencias graves ya que más de la mitad de los pacientes con estenosis aórtica no tratada mueren en un plazo de dos años.